Milanovic desmonta la ilusión del derrame de riqueza en Argentina
El economista Branko Milanovic, una de las voces más reconocidas sobre desigualdad, advirtió que la idea de que la riqueza de los más ricos se “filtra” automáticamente al resto es una falacia. En su visita a Buenos Aires explicó por qué la era de la globalización neoliberal terminó y por qué, pese a mejoras globales, la desigualdad sigue creciendo en la región.
Branko Milanovic, de 72 años, llegó a la capital argentina a instar a reflexionar sobre la desigualdad. Nacido en Belgrado y formado en el Banco Mundial, hoy dicta clases en la Universidad de Nueva York y tiene varios libros sobre el tema; su último, La Gran Transformación Global, será traducido al español en noviembre.
Al ser interrogado por Clarín sobre el título de su obra, Milanovic sostuvo que la “era de la globalización neoliberal”, que se extendió desde los años 80‑90 hasta la primera elección de Donald Trump (2017‑2021), llegó a su fin. No afirma que el modelo haya fracasado, sino que el periodo de alta globalización concluyó. La pregunta que queda abierta es: ¿qué modelo sustituirá a esa fase y con qué consecuencias para la distribución del ingreso?
El economista vinculó el cierre de esa etapa a la creciente potencia de China. Desde su ingreso a la OMC en 2001, el país pasó de la manufactura de bajo valor a sectores como vehículos eléctricos, energía solar y tecnología espacial. Según Milanovic, esa transformación “redujo el empleo y debilitó a sectores de la clase media occidental”. No se dieron cifras precisas de pérdida de empleo, pero la lógica plantea que la competencia china habría erosionado salarios en industrias tradicionales. ¿Cuáles son los datos concretos de esa erosión en Argentina y en la región?
Milanovic señaló que, a nivel global, la distribución del ingreso mejoró gracias al rápido crecimiento de China e India, que sacaron de la pobreza a cientos de millones. Sin embargo, advirtió que China ya es lo suficientemente rica como para ampliar la brecha con los países más pobres, sobre todo en África y partes de Asia. En América Latina, la desigualdad sigue “muy alta”, con Brasil peor que Argentina y Uruguay más igualitario, aunque incluso el país latinoamericano más equitativo supera al europeo con menor desigualdad. La falta de cifras específicas para Argentina deja la evaluación algo vaga: ¿cuánto ha variado la brecha interna en los últimos años?
El experto también rememoró la crisis financiera de 2008 como otro punto de inflexión. “Puso de manifiesto la inestabilidad de la libre circulación de capitales y provocó graves pérdidas de ingresos y empleo”. En EE. UU. se rescataron bancos mientras muchos perdían hogares y trabajos, intensificando el resentimiento. En esa línea, Milanovic describió a las élites globalizadas —aproximadamente el 10 % más rico— como desconectadas del sentir ciudadano, convencidas de que su riqueza es fruto exclusivo de esfuerzo y educación. Esa visión, según él, alimenta el rechazo popular y el apoyo a figuras anti‑sistema.
Cuando la entrevista giró a la situación argentina, Milanovic criticó la creencia de que la riqueza “se filtrará” automáticamente del sector más rico al resto. “Esa ilusión permite argumentar en contra de los impuestos y la redistribución con el pretexto de que la mayor riqueza, a la larga, creará empleos y prosperidad para todos”. La crítica es directa: la política del “efecto derrame” no tiene respaldo empírico, y su uso como argumento contra la tributación parece más ideológico que basado en evidencia.
Sobre las posibles soluciones, el académico enumeró los instrumentos clásicos: mejor educación, capacitación, subsidios por desempleo, pensiones, transferencias sociales y mayores impuestos a rentas altas. El obstáculo, insiste, no es técnico sino político. Aquí surge la cuestión pendiente: si la viabilidad política es el mayor escollo, ¿qué propuestas concretas están surgiendo en el Congreso o en la agenda del Gobierno para superar la resistencia de los sectores más acomodados?
Finalmente, Milanovic preguntó por las “nuevas élites tecnológicas”, sin profundizar en su respuesta. El vacío deja una incógnita: ¿cómo influirá la concentración de poder en el sector digital sobre la desigualdad en Argentina?
En síntesis, la visita del mayor experto mundial en desigualdad a Buenos Aires no trajo cifras nuevas, pero sí un llamado a cuestionar la narrativa del derrame de riqueza y a reconocer que la política, más que la teoría, define si la brecha se estrecha o se ensancha. La pregunta que queda abierta es si los responsables políticos están dispuestos a enfrentar la “ilusión interesada” que, según Milanovic, sustenta gran parte del discurso económico actual.



